LA HUMANIDAD UN SOLO PUEBLO

Angel Martín Velayos C…R…C…
Imperator de la Orden Rosacruz

 

Fratres y Sorores:

Algo que se hace evidente a todos los estudiantes de nuestra Orden Venerable, desde el inicio de sus estudios, es que la única manera en que podemos desarrollar nuestras capacidades latentes y, en consecuencia, nuestras posibilidades de vivir una vida plena, llena de realizaciones, en armonía y en paz, es armonizándonos con toda la Naturaleza y con todo el Universo, más allá, incluso, del mundo material que podemos percibir con nuestros sentidos, hasta vibrar en sintonía, también, con el mundo espiritual, invisible e intangible para nuestro cuerpo físico.

Esa sintonización armoniosa debe ser total, porque los seres humanos somos totales y nos manifestamos, aunque no nos percatemos de ello, en todos los planos, tanto en el físico como en el mental y, por supuesto, en el espiritual.

Si reconocemos que nuestra armonización, y toma de consciencia en cuanto a que pertenecemos a una Unidad Cósmica, debe efectuarse con todo lo existente ¿Hay alguna razón para que dicha armonización no sea también total con todo el género humano?

Todo Rosacruz, a poco tiempo que lleve en sus estudios, se siente universal, no solo como una abstracción intelectual que le haya llevado a esa conclusión, sino como una necesidad vital que le es precisa para vivir en armonía consigo mismo y, por extensión, con todo el Universo.

Llegamos a hacemos conscientes que todo surge de la unidad de la Mente Creadora de Dios, y que toda manifestación es fruto de la energía única que, en el principio, fue emanada de Dios, dando lugar a expresiones diferentes que, aun siendo diferentes, proceden de un tronco común.

Estas consideraciones previas nos hacen comprender que La Humanidad es un solo pueblo, y que la Tierra es una sola nación.

No podemos soslayar que, a lo largo de un proceso de evolución de mucho tiempo la especie humana ha debido irse adaptando a las condiciones geográficas, climatológicas y ambientales y, como consecuencia de dicha adaptación, surgieron lo que llamamos: las razas humanas; pero científicamente sabemos que la pigmentación de la piel, por ejemplo, es fruto de la necesidad de su adaptación a la luz del Sol, por eso las razas que han vivido cerca de los polos tienen la piel más clara, debido a que no recibían con fuerza los rayos solares, mientras que las que han habitado cerca de los trópicos, por efecto de una mayor exposición a los rayos del Sol, han debido aumentar su producción de melanina y, como resultado de ello, su piel es más oscura.

Así mismo, la lejanía geográfica de algunos grupos humanos, o su aislamiento, debido a condiciones geográficas difíciles, o porque no había rápidos medios de transporte y de comunicación, han dado lugar a lenguas diferentes, y a culturas también diferentes.

¿Es esta una razón para que, en los tiempos actuales, cuando hay medios de comunicación rápidos, y cuando todos necesitamos de la solidaridad y cooperación de los demás, consideremos extraños a los que hablan una lengua distinta a la que nosotros hablamos, que tienen una cultura particular, o los rasgos físicos, o el color de la piel son diferente al nuestro?

¿Cual es, entonces, la razón para esta especie de locura colectiva que se ha desatado a finales del siglo XX, en la que, tras haberse alcanzado muchos logros, unos pueblos tratan de desgajarse de otros, y se promueven luchas fratricidas, verdaderos genocidios que están causando tanto dolor y desesperación a personas inocentes, a los desvalidos que, en última instancia, siempre son los que sufren las consecuencias de tanto despropósito?

¿Cual es la razón para que cualquier pequeño pedazo de tierra, y si seguimos con esta locura, cualquier villorrio, desee separarse del resto y vivir una condición que llaman libre e independiente. Es cierto que  los seres humanos, como conjunto, deben aspirar a cotas más elevadas de libertad, y que deben luchar por ella; pero la libertad no es solo un estatus jurídico, sino una condición interna que, por medio de nuestro sentir y comprender, nos hace ser libres, y eso sin destruir o coartar la libertad de otros porque, en caso contrario, seríamos esclavos de nuestro egoísmo y de nuestras pasiones, en detrimento de los demás.

Cabría preguntarse ¿están absolutamente justificadas todas las llamadas a la libertad de un pueblo en determinado, o hay otros factores, inconfesables, que mueven a la lucha de los ciudadanos de un lugar en beneficio de unos pocos? Eso lo analizaremos después.  El concepto de independientes es también digno de tenerse en cuenta porque, ahora que, por el desarrollo tecnológico, social, industrial, económico, todos los pueblos necesitan la cooperación entre ellos, y que los medios de comunicación permiten desplazarse rápidamente a masas enteras de población, ¿como cuanto de independientes podemos ser? y eso que el razonamiento lo hemos enfocado desde el punto de vista global, pero, también, lo podemos aplicar a la necesidad vital de nuestro entorno en la cual necesitamos de la cooperación de nuestra familia, de nuestros vecinos, de nuestros conciudadanos, y así sucesivamente. ¿Qué se esconde tras ese planteamiento de separación de los pueblos?

Sabemos que la necesidad de cooperación de todos los pueblos no justifica, por su misma esencia de necesidad solidaria, la separación de pequeñas parcelas de la población mundial como independientes.

Se pueden argumentar razones históricas según las cuales hace tanto o cuanto tiempo, que pueden ser 400 o 500 años, fueron independientes y formaron un pueblo propio.

¿Acaso las condiciones de varios siglos atrás eran iguales que las actuales? Hace 2500 años, en la civilizada Europa, no existía ninguna nación. Lo más cercano al concepto nacional que existía eran las llamadas ciudades estado, tales como Atenas, Tebas, Esparta, Roma, etc. que eran independientes las unas de las otras, y su ámbito de influencia estaba muy limitado en cuanto a territorio; aunque luego, algunas de ellas, por medio de la expansión y de la conquista, constituyeron imperios que se asemejaban, en cierto modo, al concepto que tenemos hoy de nación, mientras que en el resto de Europa no había más que tribus dispersas que vivían en aldeas más o menos independientes y cuya cooperación estaba en función de la tribu a la que perteneciesen.

El hecho de que hace unos 2500 años no existiesen los estados, solo las ciudades estado, ¿justificaría que los atenienses, los romanos, etc. quisieran, en la actualidad, declararse independientes de sus respectivos estados actuales?
Tales planteamientos nos parecerían ridículos según nuestros actuales parámetros mentales; entonces ¿qué es lo que está sucediendo para que pequeños pueblos, cuya influencia territorial que, en muchos casos, no sobrepasa unos pocos miles de kilómetros cuadrados, hayan entrado en una especie de furia siniestra en la que, al grito de ¡Independencia! están provocando ríos de sangre, destrucción y sufrimiento.

¿Se tiene en cuenta que en esas poblaciones hay una gran cantidad de ciudadanos que están mezclados por lazos familiares con otras personas procedentes de etnias o de lugares diferentes? ¿Y los que han vivido muchos años en esos lugares y se encuentran totalmente arraigados en ellos?


Como se puede ver, el problema no es tan simple para plantearlo como una reivindicación de libertad y de independencia, ya que hay muchos factores, y muchas personas, involucrados en ellos.
En algunas ocasiones se plantean supuestas, o reales, injusticias inferidas hace ya 300 o 400 años, por lo cual, según la lógica de quienes promueven estas luchas, hay que reparar la «injusticia» ocasionada hace tanto tiempo, o tomar «justa venganza» de ello.
¿Cuando la venganza ha sido justa? ¿Acaso cualquiera de nosotros es responsable de lo que pudieran haber hecho nuestros antepasados hace tanto tiempo? ¿Cómo en nombre de una reivindicación por algo que sucedió hace siglos se puede separar a los seres humanos?

En algunos casos se habla de recuperar las libertades perdidas hace cientos de años y, aquí cabe preguntarse, ¿Son peores las libertades que ahora tienen que el sistema social de hace siglos que, incluso, en el mejor de los casos, admitían la esclavitud, derogada en el mundo occidental hace apenas un siglo, o donde existían torturas, o privilegios señoriales, en detrimento del resto de los ciudadanos.

Se dice muchas veces, como justificación razonada: ¡Queremos ser nosotros quienes administremos nuestros recursos nacionales! pero, en el caso de lograr esa independencia a costa de tanto dolor ¿Quién administrará los recursos? ¿El tendero, el jardinero, el electricista, el albañil que vive allí? ¿Quién?

Lo cierto es que, después de tanta destrucción, como siempre ha sido, quienes administran los recursos son los grupos financieros, las multinacionales, y, por supuesto, la casta política surgida de la nueva condición que procurará, por todos los medios, obtener su pedazo en el reparto de la tarta del poder o de las finanzas, pero nunca el pueblo llano, quienes sufrieron las consecuencias de tanto disparate. ¿A quién le interesa, cuando parecía que se había llegado al final de la posibilidad de un conflicto mundial, provocado por dos potencias antagónicas, una de las cuales ya ha desaparecido como gran potencia, que sigan habiendo guerras fratricidas.

Si miran en la dirección de los traficantes de armas, de las industrias bélicas, etc. que estaban a punto de perder su negocio, o a grandes multinacionales que desean negociar mejores condiciones con dirigentes egoístas, o si miran en la dirección de personas «pequeñas» que necesitan hacer más pequeño a su pueblo para ser ellos grandes,  encontrarán muchas respuestas a esas interrogantes.

Por otra parte ¿Por qué hay países que en vez de apaciguar desde el principio, usando de su influencia (que la tienen) y haciendo una llamada y una presión hacia la sensatez, han alentado o reconocido esos movimientos de reclamaciones territoriales? ¿no será que esos países tienen también aspiraciones territoriales y, tomando como justificación los hechos consumados, están esperando para, en su momento, hacer ellos, también, reclamaciones territoriales?

Ante todo lo que pudiera acontecer, los Rosacruces, que vamos más allá de las apariencias en el análisis de los hechos y de la realidad, vemos que todas estas luchas fratricidas son el fruto, solamente, de la ignorancia.

Cuando las personas se encuentren debidamente formadas, y sepan reconocer que no hay otros países que los que fronteras artificiales delimitan, las que se hayan querido poner;  cuando se reconozca que la naturaleza no ha puesto nunca alambres de espino, fronteras, etc. y que quienes los ponen, muchas veces, solo persiguen fines egoístas y personales y no el bienestar del pueblo que habita esas tierras, entonces se habrá acabado la causa de la lucha.

Cuando se comprenda que la diferencia entre la lengua, el color, la cultura, la ideología, la religión, no es causa de separación entre los seres humanos, entonces se habrá acabado la causa de la lucha.

Cuando se sienta que todos los seres humanos tienen derecho a la vida, a no padecer miseria, a alimentarse adecuadamente y suplir sus necesidades básicas, y que nadie, en función, de su supuesto desarrollo, tiene derecho mantener su privilegios mientras otros pasen hambre, entonces se habrá acabado la causa de la lucha.

Cuando el ser humano sea fraternal con todo otro ser, toda causa de lucha habrá cesado.

Y todo esto solo se consigue por medio de la educación, alejando las tinieblas de la insolidaridad, que, muchos que tienen intereses espurios, están interesados en mantener para salvaguardar sus privilegios, o con la esperanza de tenerlos.

Como Rosacruces debemos poner nuestro grano de arena en la meta de la consecución de esa paz no alentando, de ninguna manera, ni con nuestros actos, ni con nuestros pensamientos, ningún tipo de acción que separe al ser humano de sus hermanos, los otros seres humanos,  sino, más bien, pensando y actuando para que, algún día, se produzca la Gran Reforma Universal, tal y como lo pronosticaron nuestros Maestros del Pasado en sus escritos y manifiestos.

Para los Rosacruces La humanidad es un solo pueblo y la Tierra es una única nación.

¡Paz Profunda!.

 

 

 

 

 

 

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