LA CORTE DE LOS MILAGROS

Angel Martín Velayos C…R…C…
Imperator de la Orden Rosacruz

 

Fratres y Sorores:
En la Sede Soberana de la Orden Rosacruz, hemos recibido muchas llamadas telefónicas, cartas, y notas diversas, en la que nos preguntan sobre la gran profusión, o proliferación, de programas de televisión, anuncios, programas radiofónicos, etc, en los cuales se dice que tienen por finalidad la divulgación de las paraciencias, las ciencias ocultas, y el esoterismo en general.
Muchos de los que se han puesto en contacto con nosotros son miembros recientes de la Orden que, por no tener aún mucha experiencia, tratan de saber, de las fuentes más fiables, hasta donde pueden admitir de aquello que se divulga de manera tan prolija.
Una de las tradiciones Rosacruces es la de ver lo bueno que hay en todas partes, hasta tal punto que pedimos a todos los miembros de la Orden Rosacruz que cuando, en nuestros Triángulos o Logias, emitan su opinión sobre otras personas, u otras instituciones, traten de estar bien informados, y digan lo que tienen de bueno y que en caso de que no haya nada positivo o que, incluso, pueda haber algo negativo, se les indica que es preferible que callen.
No obstante no podemos ser tan ingenuos como para pensar que debemos abrirnos por completo a todas las opiniones que, sobre las llamadas ciencias ocultas, o cualquier otro tema, se emitan o se divulguen.
A nadie sensato se le ocurre dejar la puerta de su casa abierta con un cartel que diga: «Que entre quien quiera y, aquí dentro, que haga lo que quiera.»
Cualquier persona con sentido común solo deja que entren en su casa los que le agradan o aquellos que se sabe, en principio, que no tienen intenciones de aprovecharse de nuestra buena fe aunque, muchas veces, es inevitable llevarse alguna sorpresa precisamente, en la mayor parte de los casos, por eso: por imprudencia en nuestro trato con los demás.
Es por esta razón por la que, para proteger la buena fe de nuestros miembros, sobre todo de los recientes que pueden ser sorprendidos en sus buenas intenciones, vamos a hablar claro sobre esta especie de «Corte de los Milagros» que parece haberse puesto de moda.
Ha de comprenderse que, por una parte, al emitir opinión sobre ciertos temas de los que vamos a hablar ahora, lo hacemos con el conocimiento y la experimentación avalada por muchos años de estudio de esta temática, además del conocimiento secular que nos aporta la Orden, así como que, por otra parte, sentimos un cierto pudor al encarar estas cuestiones de una manera descarnada y real pero, desafortunadamente, a veces, es necesario poner las cosas en su sitio y, por ello, ya que tenemos un compromiso de difusión de la Luz Mayor, en esta ocasión lo haremos.
He de comenzar diciendo que siento un respeto absoluto por toda creencia, y por todo tipo de práctica, o de manera de pensar, pero ello no implica que no sepa reconocer que, en la mayor parte de los casos, cuando hablamos de negocios fundamentados en la venta de objetos mágicos, o en los servicios prestados por las artes adivinatorias, o en ciertos programas de divulgación de paraciencias, lo que aparece en primer término es la ignorancia, del que compra, y del que vende porque, en última instancia, de eso se trata.
Conozco una tienda de venta de artículos de brujería que se anuncia así: «La tienda de los brujos, toda clase se artículos esotéricos para la salud, el dinero, y el amor». Lo primero que salta a la vista, además de lo de tienda para brujos, es que dicen vender artículos esotéricos, lo que denota una ignorancia supina sobre lo que significa la palabra esotéricos, o que pretenden engañar a los ignorantes con una palabra que, para ellos, quiere decir algo misterioso.
La palabra esotérico deriva del griego clásico y quiere decir: conocimiento interior, o un conjunto de conocimientos reservados para personas muy selectas.
Dicho lo cual cabe preguntarse: ¿Que tiene que ver lo esotérico con la venta de objetos para hacer magia, creyendo que eso puede dar más salud, dinero, y amor?. Si los que escuchan este mensaje tuviesen la ocasión de ver el escaparate de esa tienda, podrían observar objetos tan curiosos como pequeñas figuras de plástico transparente que representan a un Buda barrigón, en cuyo interior, en el vientre precisamente, tiene incrustada una cruz de Caravaca, con lo que, de nuevo, surge una pregunta: ¿Que tiene que ver Buda con la Cruz de Caravaca, por muy milagrosos que fuesen Buda o la citada Cruz?.
Claro que para los supersticiosos clientes de esa tienda siempre hay una explicación cuando, como algo fuera de lo habitual, alguien hace esa pregunta: «Así, le dirán, se une la fuerza astral de lo oriental y de lo occidental». Y si no están contentos, pues, otra cosa.
Da verdadera vergüenza escuchar anuncios en la televisión en la que pretendidos videntes, que dicen, incluso, ser consultores de la alta sociedad, y hasta de la realeza, que, unas veces vestidos de paisano, y otras con túnicas extravagantes, anuncian sus horóscopos en números de teléfonos cuya tarifa depende del tiempo que se esté comunicando con esa sección.
Hacer creer a los ingenuos que el horóscopo que repite una cinta magnetofónica, al otro lado del hilo telefónico, con la voz del pretendido vidente, es un horóscopo personalizado cuando, en la realidad, no tiene más valor que el horóscopo que, diariamente, aparece en las páginas de todos los periódicos del mundo, es, como mínimo, un engaño a las personas que, por ignorancia, por necesidad, o por buena fe, acuden a este tipo de consultas.
Presentar la astrología, una ciencia tan venerable, de esta manera, es una burla descarnada para quienes han dedicado muchos años de su vida a conocerla, hasta llegar a hacerse conscientes de los muchos detalles, tales como día, hora, minuto, siempre de acuerdo con la hora solar, así como la situación geográfica donde nació la persona e, incluso, las condiciones de la misma, que son necesarios para levantar un horóscopo correcto que, en síntesis, está mucho menos relacionado con artes adivinatorias como con el conocimiento preciso de las circunstancias cósmicas que acompañan la vida, y la evolución de la persona.
Más curioso todavía supone el escuchar a estos vividores presumir de espiritualidad pero, eso sí, haciendo propaganda de sus consultorios de videncia donde, a los que van a que se les lea el futuro se les cobran unos precios altísimos.
Si de verdad fuesen tan espirituales no comercializarían un don que les es concedido como un bien precioso. Por otra parte, si de verdad conociesen las Leyes Cósmicas, entre las que destaca la Ley de Causa y Efecto, la Ley del Karma, según la cual recibimos lo que hemos generado, no se atreverían a echarse sobre sus espaldas la enorme responsabilidad que supone decir a otros lo que pudiera llegar a acontecerles, lo cual es muy discutible, y además indicarles lo que deben o no deben hacer, cobrándoles, por añadidura, fuertes cantidades de dinero.
Para mi es muy incómodo que alguien me cuente que ha visitado a un vidente, a un echador de cartas, o a una pitonisa. Pero cuando no tengo más remedio que escuchar a quien eso me cuenta, hasta ahora, lo que he podido constatar es que no han acertado ni una sola vez, excepto las cosas de lógica que cualquier buen psicólogo, u observador, puede deducir de su interlocutor.
Ya el colmo es cuando un vidente, o una vidente, en una especie de consulta colectiva, dice a un nutrido grupo de personas en un plató de televisión, cómo son, y lo que les pasará. Siempre dicen lo mismo, que sirve para todos, y en lo que todos están de acuerdo: «Ud. es una persona muy evolucionada aunque aún no se ha dado cuenta (eso todos lo aceptan) Ud. tiene un enemigo oculto (todos se lo piensan porque es posible que así sea) A Ud. no le comprenden porque tiene elevadas aspiraciones espirituales (¿Quién no se ha sentido incomprendido alguna vez?) Ud. hará un viaje (No dicen si interior o exterior, aunque todos los hacemos en ambos sentidos) y así sucesivamente mientras histéricos e histéricas, fascinados por la puesta en escena, asienten, o prorrumpen en sollozos.
En esta parafernalia no puede faltar el presentador del programa, que dice muy serio que la calidad de la cadena televisiva que representa ha hecho posible este impresionante testimonio (¿Qué iba a decir si no?) y que están al servicio de la divulgación de las paraciencias y el ocultismo (¿No será que están al servicio del espectáculo, de lo comercial, y de la notoriedad?)
Lo que clama al cielo es cuando se presenta un curandero en televisión, que dice ser poseído por un espíritu, y comienza una serie de prácticas, como mínimo cuestionables, que dan falsas esperanzas a los desahuciados o a sus familiares que ven este lamentable espectáculo por la televisión y en el que, al final, piden «donativos» para el curandero o para hacer un centro de sanación donde se seguirá pasando consulta y cobrando honorarios.
Tremenda es la responsabilidad de los que se atreven a hacer prácticas de ouija en programas televisivos, sin tener en cuenta que pueden ser vistos por niños que, inocentemente, se exponen a repetir lo que han visto, sin ningún control y conocimiento, con los riesgos que, para su salud psicológica, arrastran. Llegan a decir que son extraterrestres quienes se están manifestando por medio de un vaso en movimiento que marca letras sobre una mesa, o sobre una superficie lisa.
En ninguno de los mensajes que he visto, por asistir personalmente, como investigador del fenómeno, o que he leído, se dice nada nuevo, que no diga cualquier persona, o que no se encuentre recogido en libros de ética, moral, o religiosos: «Sed buenos; elevad vuestros espíritus; etc. etc».
El sumum de los despropósitos es cuando se ponen a profetizar grandes catástrofes, como olas gigantescas, terremotos, choques interplanetarios, y que una flotilla de naves interestelares vendrán a salvar a los evolucionados (ellos, por supuesto), lo cual recuerda a alguna de las sectas milenaristas que dicen que se salvarán 144.000 justos, que, naturalmente, son los que pertenecen a la secta, etc, etc.
De todas las profecías de este tipo, que hayan dado fecha precisa ya pasada, no hay una sola demostración de que haya sucedido nada de lo profetizado. En otro mensaje del Imperator, que trata de este tipo de profecías, se dan datos y fechas precisas, así como detallen que demuestran que tales profecías son una falacia.
Y como colofón, las personas que, en cuestionables regresiones hipnóticas televisivas, dicen ver a Jesucristo y transmiten su mensaje, cuando lo que habría que preguntarse, a la luz de múltiples detalles de tan deplorable espectáculo, es si esas personas son estables o si padecen de algún tipo de patología psicótica. ¿Cuales son los intereses de los hipnotizadores que se prestan a estas practicas?
Pareciera que hay una especie de grito silencioso que estuviese diciendo ¡VALE TODO! en una desenfrenada carrera por medrar y obtener ganancias, tanto de tipo pecuniario, como de popularidad y, cualquiera sabe si de otra clase menos confesable aún.
Esto recuerda a lo acontecido en el siglo XVII en el que los pícaros, miserables sin esperanza, buscaban afanosamente encontrar ventaja de la buena fe de sus víctimas, y de la ignorancia bonachona de aquellos a los que atropellaban.
Si estos pícaros utilizasen sus esfuerzos e inventiva en cosas productivas, la sociedad viviría mejor, y ellos encontrarían más satisfacciones pero, desafortunadamente, merced a la desorientación que se está produciendo por el cambio de mentalidad, o el traspaso de una civilización ya caduca en otra más elevada, hay un desconcierto tal que permite la proliferación de estos pícaros que ven en la sociedad desprevenida una especie de patio de Monipodio donde pueden ejercer sus trapacerías.
Ninguna persona sensata, y mucho menos un Rosacruz, debe dejarse enredar por este tipo de prácticas. En verdad, Fratres y Sorores, que somos muy afortunados al contar con una guía tan segura como son nuestras enseñanzas que, como un faro luminoso, nos permite ver la realidad de las cosas, tanto en el plano material como en el espiritual.
Que la Paz Profunda more en sus corazones.

 

 

 

 

 

 

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