Orden Rosacruz

ORDEN ROSACRUZ

 

Coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario de la Orden Rosacruz en el presente ciclo de manifestación, reproducimos un mensaje del Imperator que fue enviado a las Logias, y publicado en el Triángulo de Luz, hace ahora dos años, y que consideramos que es muy interesante para los Rosacruces en estas fechas conmemorativas.

Fratres y Sorores:

 

Como parte de mi responsabilidad de servir a la Orden Rosacruz y a todos mis hermanos y hermanas Rosacruces, además de asegurar  la transmisión de las enseñanzas que reciben todos los Rosacruces en sus estudios, según el Grado que haya alcanzado cada uno, hay momentos en que tengo que compartir mi experiencia,  mis reflexiones, y mis sentimientos con todos los Rosacruces, independientemente del tiempo que lleven en nuestra Orden Venerable. Este es uno de esos momentos y, en consecuencia,  procedo a ello con todo mi amor fraterno en la confianza de que estas reflexiones sean esclarecedoras para los miembros de nuestra Orden Venerable.

 

A menudo tengo que consultar los antiguos libros y tratados Rosacruces que tiene depositados la Orden Rosacruz en los fondos documentales de la Sede Soberana, sobre todo aquellos libros que no han sido publicados desde hace siglos y que, sin embargo guardan un inmenso tesoro de sabiduría que debe ser transmitida en las enseñanzas de los diferentes Grados de la Orden.

 

Esos libros suelen estar encuadernados con tapas de cuero,  e incluso de madera con bellos grabados al hierro frio, y algunos de ellos tienen herrajes para mantenerlos cerrados en la biblioteca cuando no se están leyendo. Todos ellos tienen las páginas amarillas por el paso de los siglos y, en ocasiones, cuando se abren y se pasan las páginas para seguir leyéndolos, se oye como crujen, revelando así su estado delicado,   indicando con ello, a quienes los tengan en sus manos, que deben tratarlos con un cuidado exquisito porque es fundamental  cuidarlos muy bien para que puedan seguir conservándose para generaciones futuras de Rosacruces.

 

Cuando paso la palma de mis manos sobre sus tapas centenarias, o sobre sus páginas,  siento siempre una emoción especial y, de manera intensa, noto las vibraciones que allí se han depositado  por el uso y lectura de Maestros Rosacruces y miembros de la Orden, que los tuvieron y leyeron a lo largo de cientos de años.

 

En esos momentos me siento muy afortunado por tener el privilegio de poder acceder a estas reliquias del conocimiento Rosacruz,  y noto que me encuentro eslabonado, como lo están todos los miembros de nuestra Orden Venerable,  a una tradición prestigiosa; seguramente la más prestigiosa entre las escuelas de esoterismo y espiritualidad,  y entre las Ordenes y grupos iniciáticos.

 

A menudo, para ser muy consciente de ello y  tenerlo bien presente, repaso en mi mente la gran influencia benefactora que la Orden Rosacruz ha tenido en la sociedad  y los avances  científicos, filosóficos, místicos, culturales, y sociales, que han sido posibles gracias al esfuerzo de aquellos que fueron  nuestros Maestros, y de los hermanos y hermanas Rosacruces que han trabajado por el bien y el progreso de la Humanidad.

 

Ante mi mente aparecen las figuras de insignes Rosacruces, y en mi imaginación veo a  Paracelso, el cual marcó un hito fundamental en el desarrollo de la medicina, de tal manera que a partir de él  la medicina empezó a ser moderna y a alejarse de prácticas supersticiosas y de  tratamientos que eran, incluso, perjudiciales para la salud de aquellos a los que se les administraba. Mucho es el camino recorrido después de él, y muchos los avances que se han conseguido para aliviar a la humanidad doliente, y eso fue posible gracias al esfuerzo y al impulso de este Rosacruz insigne.

 

Recuerdo la figura impresionante  y majestuosa de Francis Bacon, quien fue Imperator de la Orden Rosacruz en Inglaterra en el siglo XVII, y que  promulgó el método empírico para el desarrollo de la ciencia, de tal manera que son muchos los científicos y pensadores que opinan que la ciencia empezó a ser ciencia a partir de las enseñanzas y postulados de Francis Bacon, que llevó su búsqueda de la verdad hasta las últimas consecuencias, falleciendo a causa de una pulmonía que contrajo mientras hacía experimentos con el frío y la conservación de alimentos por medio de las bajas temperaturas.

 

Mi ser se llena de reverencia cuando en mi mente aparece la imagen de Miguel Servet, Rosacruz, médico, descubridor de la circulación superior de la sangre en el cuerpo humano y defensor de la libertad de consciencia y de la búsqueda independiente de la verdad, por lo que fue acusado de hereje y quemado en una hoguera en la ciudad de Ginebra, en Suiza.

 

Galileo Galilei, un hombre valiente, un Rosacruz, que no estaba dispuesto a disimular la verdad de sus descubrimientos en astronomía y que dijo, ante el tribunal de la Inquisición, en el que le presionaban con amenazas para que se retractase de su afirmación de que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol, y no el Sol el que giraba alrededor de la Tierra: «Y sin embargo se mueve», lo que le acarreó una condena de cárcel, donde terminó su vida material solamente, ya que su memoria y su espíritu permanecen por toda la eternidad, con el reconocimiento de todos aquellos que aman el conocimiento.

 

Pienso en Robert Fludd, el Gran Maestro y apologista de la Rosacruz,  médico y autor de múltiples tratados, de tipo esotérico algunos, y de carácter científico otros. En sus libros aparece por primera vez, de manera pública, una teoría que podríamos asimilar a la moderna tesis  del Big Bang, según la cual todo el universo se creó por efecto de la eclosión de energía acumulada en un «agujero negro» de características colosales.

 

Mi corazón se llena de sano orgullo como miembro de la Orden Rosacruz  cuando leo a una de las glorias de la humanidad, Isaac Newton, Rosacruz,  que decía, refiriéndose a la Orden Rosacruz y las aportaciones de sus Maestros: «He llegado tan lejos porque he viajado a hombros de gigantes».

 

Su competidor en el campo de las matemáticas, descubridor del cálculo infinitesimal, que desarrolló casi a la par de Newton sus descubrimientos científicos y matemáticos,  Leibniz,  Secretario de un Logia Rosacruz según nuestras tradiciones, me hace ver la perfección del plan universal de Dios y su creación cuando repaso su obra filosófica La Monadología, con sus noventa aforismos.

 

Filósofos de renombre universal, matemáticos, físicos, médicos, músicos, literatos, y muchos más, cuyos nombres ocuparían mucho espacio en este escrito, fueron Rosacruces, hasta el punto que no hay ninguna asociación, hermandad, o grupo, que tenga entre sus filas a tantas personas que dieron gloria y beneficio a la Humanidad.

 

Pero, sobre todo, son los hermanos y hermanas Rosacruces anónimos, cuyo ansia  por aprender y mejorar, su deseo de elevación y perfección, sus esfuerzos por compartir solidariamente lo que habían aprendido en nuestra Orden Venerable y ayudar así a todos los seres humanos, con su ejemplo, su comprensión, tolerancia y humana sabiduría, los que han de hacernos sentir «orgullosos de ser Rosacruces».

 

Recordemos por un momento: Cuando conocimos la existencia de la Orden Rosacruz todos nosotros, sin excepción, e incluso antes de afiliarnos a la Orden, sentimos algo grande, algo que iba más allá  del conocimiento de que existía  un grupo humano cuyo nombre era Orden Rosacruz. Intuímos la grandeza de la Rosacruz y sentimos algo muy profundo, indefinible, pero que nos hacía presentir que estábamos ante el umbral  del misterio.

 

Cuando nos afiliamos a la Orden y recibimos la notificación de que habíamos sido admitidos como miembros de la misma, todos nosotros sentimos que habíamos entrado en algo que iba más allá del nombre, que pertenecía a la leyenda, que nos introducía en un sendero donde la sabiduría, la belleza, y la fuerza, brillaban con intensidad aunque en ese momento lo intuíamos antes de verlo. En ese momento, cuando nos sabíamos ya miembros de la Orden, nuestra mente empezaba a concebir, antes de verlo manifestado en nuestra vida, la belleza sublime de la Rosacruz.

 

Recordemos por un momento esos instantes intensos que, muchas veces, y con el paso de los años, pareciera que tuviésemos adormecidos, y revivamos la impactante experiencia de sabernos miembros de la Orden Rosacruz.

 

En estos tiempos  tumultuosos, en los que la información de todo tipo fluye a borbotones, y cuando los medios de comunicación transmiten tanta información que hacen pensar a muchos que pueden acceder a todos los conocimientos y avances de manera cómoda y amplia, incluso los espirituales y esotéricos, sin  limitación alguna,  llega el momento de ser conscientes que la Orden Rosacruz no es una escuela de nuevo pensamiento, no es una escuela de «nueva era», no es un club para aprender parapsicología y paraciencias, no es  una escuela  de estudios por correspondencia o por internet, ni es tampoco una editorial que trasmite sus escritos, libros y publicaciones a sus suscriptores, o un grupo de personas con intereses afines que pueden reunirse para compartir y contrastar experiencias.

 

La Orden Rosacruz es una hermandad espiritual  en el más completo sentido de la palabra, donde sentimos la unidad con aquellos que, como nosotros, son buscadores del conocimiento interior, el conocimiento que hace libres a los hombres y mujeres de buena voluntad.

 

La Orden Rosacruz es un sendero de perfección a través del conocimiento que se convierte en sabiduría cuando madura en nosotros y lo ponemos en acción para que cumpla con su propósito más noble, el de ayudarnos a nosotros mismos en nuestra vida, y ayudar a los demás.

 

La Orden Rosacruz  es una fuente de Luz,  que permite que surja de nosotros nuestras potencias internas, la divinidad que mora en nuestro interior, la conciencia plena de que somos seres espirituales que se manifiestan temporalmente en el mundo material.

 

La Orden Rosacruz  nos ayuda con sus enseñanzas a desarrollarnos como seres humanos, a crecer personalmente, a desarrollar nuestra vocación, nuestras potencialidades interiores, permitiéndonos, así, llegar a vivir una vida plena  y cumplir con el propósito de nuestra existencia, con nuestra misión en la vida.

 

La Orden Rosacruz es una potencia espiritual, donde las enseñanzas de nuestros Maestros del pasado y el presente,  se concentran en una fuerza poderosa que alienta y protege su sabiduría.

 

Las enseñanzas de la Orden, cuando son estudiadas con perseverancia, y se practican con asiduidad, aplicando el esfuerzo necesario, desarrollan nuestra consciencia y percepción; maduran en nosotros y se arraigan con las fuertes raíces de la verdadera sabiduría, y no como las vagas nociones de datos apabullantes que llenan nuestra mente con un aluvión de datos proporcionados por lecturas, conferencias, documentales,  etc. que  están al alcance de todos los curiosos sin ningún control ni método de verdadero desarrollo y crecimiento interior.

 

Con las enseñanzas graduadas de la Orden Rosacruz, con la participación en las actividades simbólicas y fraternales en las Logias y Triángulos Rosacruces, o en la Logia Virtual de la Orden Rosacruz, con nuestra participación activa  por medio de la cual compartimos con otros, y de otros recibimos, desarrollamos en nosotros un estado de ser, una  actitud ética, una manera de actuar y enfrentarnos a la vida, que nos hace darnos cuenta que ser miembros de la Orden Rosacruz es algo importante; que ser miembros de la Orden Rosacruz es estar unidos a nuestra tradición de muchos siglos, como el eslabón de una cadena de Luz, Vida, y Amor, que nos une por la eternidad con lo más elevado  y armonioso.

 

Somos muchos, a lo largo de los siglos en los que la Orden Rosacruz  ha transmitido sus enseñanzas,   los que hemos llegado a sentir que nuestra vida tiene una razón de ser,  y que  por ello, incluso a través de las dificultades naturales de la vida, que son una bendición porque nos estimulan a vencer los obstáculos y a perfeccionarnos,  vale la pena  seguir la senda prestigiosa de la Orden Rosacruz,  sintiéndonos  por ello «Orgullosos de ser Rosacruces».

 

¡Paz Profunda!.

 

Angel Martín Velayos C…R…C…- Imperator de la Orden Rosacruz

ORGULLOSOS DE SER ROSACRUCES

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